15 de mayo de 2011

UNA VIDA RECICLADA

Exequiel Estay, Presidente del Movimiento Nacional de Recicladores de Chile

Cuando un jefe de familia queda cesante se convierte en un ingeniero de la vida, busca alternativas y las encuentra. No es fácil, sobre todo cuando uno está acostumbrado a un sueldo a fin de mes, a una platita segura.

Fue tras una inesperada cesantía en 1993 que me vi obligado a buscar un nuevo trabajo , y debo confesar que hoy lo agradezco haber llegado al mundo del Reciclaje. Jamás habría sospechado, en esos desesperados instantes, que mi verdadera lucha y vocación en esta vida era otra, muy distinta a la de un Jefe de Seguridad Industrial de Copesa (cargo del que fui amablemente removido en esa época).
Tal vez, como yo hace 18 años, usted no conozca la diferencia entre reciclador y basurero, y es que aunque ambos recogen residuos , sin embargo, sólo uno de ellos hace un aporte fundamental en la cadena para combatir el cambio climático. Personalmente me fui dando cuenta de esta diferencia a medida que recolectaba botellas de vidrio y cartones. Fue así como este oficio, pasó de ser un trabajo y se convirtió en mi causa de lucha.
Tenía 30 años en ese entonces, ni joven ni viejo, con las mismas necesidades que cualquier persona, y a estas alturas me atrevo a decir que incluso más, pero con la responsabilidad del trabajador chileno en mis hombros.
Al comienzo se parte con lo que uno tenga: un saco, triciclo, bicicleta, da igual. Lo importante son las ganas de salir del fondo, de encontrar una nueva oportunidad no sólo de trabajo, sino que también de vida. No les voy a mentir, es harto laburo, no es bien pagado ni menos reconocido, pero a mí, me hace sentido. Con esfuerzo y dedicación se puede vivir bien de él, aunque podría ser mucho mejor si existiera un marco legal que nos acompañe y reconozca como trabajadores. Una política que fomente el reciclaje y que asegure a aquellos hombres y mujeres que nos dedicamos a reciclar, los mismos beneficios a los que accede cualquier otro trabajador de este país.
Ya son varios años y si tuviera que retroceder el tiempo, no cambiaría este camino que escogí.
Algunos de los que conocí en este trayecto vieron en el reciclaje una píldora para disminuir sus problemas económicos , que prescribiría al volver a estampar su firma en un contrato, sin embargo, hubo otros que hacían de esta labor una verdadera opción laboral.
No es difícil comprender por qué hay compañeros que optaron por otras rutas, ser un reciclador no es una garantía de nada, no te ampara, no hay coberturas, no hay reconocimiento y no hay leyes, entre muchos otros “no”. ¿Por qué ser un reciclador entonces? ¿Por sus opulentos salarios? ¿Por hacer una contribución real al medio ambiente? Preguntas y respuestas que aparentemente no preocupan ni a las autoridades de nuestro país. El problema, para ellos, es que para un grupo de hombres y mujeres que nos dedicamos a este trabajo, son reflexiones que sí nos preocupan. Son preguntas que queremos contestar. Son preocupaciones que estimamos dignas de resolver.
Pasé por el saco, triciclo y llegue al furgón, me transformé en parte del primer eslabón de la cadena, y junto con mis compañeros en la solución para el manejo de los residuos sólidos urbanos. Aprendiendo cada día y enseñando que primero está prevenir la generación de residuos, luego vienen reducir, reutilizar y reciclar y, finalmente, la disposición final.
Si tuviera que decir cómo han sido estos años para el reciclaje, y para mí, tendría que comenzar diciendo que hemos crecido; yo como persona y el reciclaje como estructura. Hoy hay más jóvenes y más organización que hace diez años que agrupan a mujeres y hombres recicladores, lo que ayuda a optimizar las condiciones de trabajo y el compromiso de cada uno de ellos con un oficio que tiene beneficios ambientales, sociales y económicos.
Los que nos dedicamos a este oficio somos personas, no máquinas, trasladamos el material en un triciclo o carreta, a tracción humana, evitando todas las emisiones de dióxido de carbono de los camiones que transportan la basura.
A mis 48 años, y hoy como Presidente del Movimiento Nacional de Recicladores de Chile, no me canso de pensar en esos 60 mil chilenos que han tomado el mismo camino que inicié hace casi dos décadas, y lo que en un comienzo fue una opción para salir adelante de una situación adversa, es hoy es una bandera de lucha, una responsabilidad social y ambiental con mis compañeros de trabajo, con la comunidad, con el planeta y conmigo.
Me he convertido en un actor silencioso , frente a una estructura indiferente y capaz de permitir el negociado de las grandes empresas a través de sus bonos de carbono, por sobre las personas que trabajan en el reciclaje, la gente que hace compostaje, humus, y todos los oficios informales que están combatiendo el cambio climático con un buen manejo de residuos.
Ya no queremos más recicladores invisibles, estigmatizados y discriminados, después de todo la realidad es sólo una y tarde o temprano tendrá que ser reconocida, aportamos el 60% del reciclaje nacional y la misma cifra a nivel mundial, y debemos ser reconocidos por el Estado como agentes de ese cambio.
Lo importante en mi batalla actual es entonces, lograr que todos vean el reciclaje en su dimensión social, alejado de tecnicismos y de una tarea estacionaria. Si fuera sólo eso, existirían máquinas que recolecten, pero aquí hay personas, aquí estoy yo junto a otros 15 millones en el mundo, intentando cambiar esa mentalidad, instalando conciencia medioambiental, tratando de hacer la diferencia. Luchando por la dignidad, el reconocimiento y la inclusión de las y los recicladores a la cadena del reciclaje en Chile y en Latinoamérica.

1 comentario:

manuel fonseca dijo...

Muchas gracias por compartir con nosotros tu experiencia. Me hace poder ver en parte la realidad que ustedes viven y poder así empatizar con lo que ustedes hacen.