1 de diciembre de 2008

Familias que reciclan en La Chimba se organizan para continuar trabajando





La situación del vertedero La Chimba es un tema de interés público en Antofagasta, pero no siempre se visibiliza el problema en su total dimensión. Ahora comienzan a mostrarse los esfuerzos de organización de los casi 200 recicladores -hombres y mujeres- que allí laboran. Son personas de todas las edades que han trabajado por décadas, viéndose enfrentados a una legislación ambiental y sanitaria que no les permite reciclar, generando constantes roces y dificultades.



“El Servicio de Salud viene de vez en cuando y le pasa partes al municipio. Afortunadamente, el municipio nos permitía trabajar, porque entendía la situación”, explica Francisco Figueroa, Presidente del Sindicato de Trabajadores Independientes del Vertedero La Chimba. La normativa sanitaria no permite el trabajo en esas condiciones, y este pequeño mundo de emprendimiento, superación, generación de empleo y aporte al medio ambiente, peligra cada día.



“Es una discriminación la que sufrimos”, concluye Francisco. “No pedimos que nos den plata, simplemente que nos dejen trabajar en lo que hemos trabajado por décadas. Por distintas vías quieren sacarnos de aquí, pero yo me pregunto: ¿ellos van a darnos un trabajo con este nivel de ingreso, a todos nosotros?”



Francisco se refiere a los 170 recicladores inscritos en su sindicato. Cada uno de ellos, que trabaja en La Chimba, recicla cerca de 10 toneladas al mes y genera ingresos mensuales promedio por 380.000 pesos. En total, este grupo recupera 1.700 toneladas/mes de residuos y genera 64 millones al mes en ingresos, por concepto de venta de material reciclable recuperado directamente del vertedero.



“Yo he educado a mis cuatro hijos con el vertedero”, cuenta la señora Rosa Zamora, en medio de 3 grandes sacos llenas de botellas plásticas. Ella se refiere a que gracias a los ingresos generados recuperando material en el vertedero, ha logrado mantener una familia y educar a sus hijos.



Al positivo impacto social de esta actividad, se agrega la articulación de toda una economía a pequeña y mediana escala, cuyos resultados también son ambientalmente favorables, al minimizar o reducir la basura en el sitio de su disposición final.



Desafío al Bicentenario

El debate por el destino final del vertedero La Chimba, hasta ahora, se ha centrado en la posibilidad de extender los plazos de su uso hasta 2010 o la disposición de 100 hectáreas del Salar del Carmen, como ubicación de un relleno sanitario nuevo para los residuos sólidos domiciliarios de Antofagasta.



Conscientes de la problemática, el Sindicato La Chimba programa encuentros y reuniones multisectoriales, que permitan avanzar hacia una solución “sanitariamente responsable” para seguir trabajando en la recuperación y venta de residuos reciclables de la ciudad de Antofagasta, manteniendo los importantes beneficios económicos, ambientales y sociales que genera esta actividad. Además, ya han materializado alianzas con el Movimiento Nacional de Recicladores y organizaciones de la sociedad civil, nacionales e internacionales, con el objeto de visibilizar su situación y sumar aliados.



Uno de sus colaboradores es la Fundación AVINA, cuyo objetivo en este ámbito es construir vínculos de confianza y trabajo conjunto entre líderes sociales, empresariales y de gobierno. Álvaro Alaniz, representante de AVINA quién conoció en terreno la situación y visión de los recicladores del vertedero, señaló que el reciclaje es una doble oportunidad, “tanto ambiental como de inclusión social y económica. Estamos seguros que los recicladores y recicladoras nos dan una oportunidad para entender y poner en práctica el desarrollo sustentable y equitativo. Sólo debemos reconocer el importantísimo lugar que ellos ocupan en nuestra sociedad y en la cadena de reciclaje y buscar soluciones modernas que los incluyan”.



La actuación de AVINA en Brasil ha permitido experiencias exitosas en materia de reciclaje. En Londrina, Paraná, desde 2001 se buscaba la salida de los “catadores” o recicladores del basurero público de la ciudad. Fueron creados 29 grupos donde 500 recicladores separan y venden el producto. La creación de centrales de separación permitió almacenar provisoriamente el material, desde donde se lleva con camiones de la autoridad a una central de prensado y venta. Hoy los catadores de Londrina captan 100 toneladas por día, lo que representa un 25% de los residuos de la ciudad. A esto se añade que la recolección ahora se realiza puerta a puerta, creando un vínculo con la sociedad y un reconocimiento profesional a esta labor.



Respecto con el vertedero chileno La Chimba, el desafío inmediato es de las autoridades, quienes tendrán que decidir si aplican duramente la normativa sanitaria y dejan a 200 recicladores sin empleo, deteniendo una economía de más de 60 millones de pesos al mes, o buscan soluciones innovadoras que permitan la minimización de residuos y la inclusión social: dos desafíos interesantes de nuestra región, de cara al Bicentenario.